sábado, 18 de abril de 2015


Mas que preocuparme por mi ciudad, me preocupa la gente que está cada día dejándose llevar por el día a día, cada vez más egoístas, más animales y arrogantes. Cerramos la mirada a quienes nos rodean y sin importar como me comporte, creamos caos, discordia, desorden e indiferencia.
Hacemos que el habitar en esta ciudad sea más complicado; no es por convivencia ni sentido común, es por evitar pensar que incomodamos, que nuestros actos generan reacciones. En otras palabras: nos vale huevo el mundo !!

Sin preocuparnos por nuestros actos, el egoísmo está haciendo que se rompan normas, reglas lógicas y comportamientos que afectan a una función básica: “no estoy solo”, pues, no queremos hacer filas, si ingresar más rápido, acortar trayectos establecidos, no esperar, no frenar, no ceder el paso, etc.


Hablamos de las tragedias y malos ejemplos que suceden todos los días, pero al mirar alrededor, vemos que no razonamos, no nos damos cuenta de las consecuencias de ser egoístas. Vemos gente pitando porque no se mueve “x” vehículo o persona y desafiamos, tomando el volante como si fuera un arma a punto de ser “disparada” por el acelerador.
Saltamos las estaciones, en medio de la gente que está esperando y nos molestamos al ser señalados.



Ya no hay pena, orden ni castigo social, sencillamente porque pasamos la barrera del “Yo la embarre, que pena” al “y si la embarro, es mi problema” y le agregamos el “no sea sapo”. Junto al vértigo, la emoción (porque eso nos genera) y la excusa, muchas veces plasmadas en risa por estar diciendo “hoy no pague pasaje” y “mañana me vuelvo a hacer el loco”.


Nos quejamos de la(s) mala(s) administración(es), de la poca gobernabilidad, pero, razonamos en el sentido de pertenencia que tenemos sobre nuestra ciudad ?? sobre nuestros actos y comportamientos ??

Ya no es solo de jóvenes, ni de “pelados”, vemos gente adulta y mayor en este tipo de conductas: brincando, saltando, ofendiendo y agrediendo con sus acciones. Ni hablemos de la arrogancia o presumidos (otra tela para cortar), pues no se salva el tipo, genero ni estrato.

Me queda la vaga esperanza que algún día o que muy pronto cambie esta convivencia, pues, está decayendo a términos lamentables el estar en mi amada Bogotá.

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